Saludé mientras entraba en el Bar Pajares, en Antigüedad, comarca de Cerrato, pueblo que un buen amigo me había recomendado visitar, en mi modesta búsqueda de sensaciones extrañas o misteriosas. El nombre me resultó tan extraño que cogí el macuto y me fui para allá.
—Y que lo diga —respondió amablemente el camarero—. De primavera total, esto no es normal aquí en Palencia, en pleno febrero.
Había preguntado a dos chavales por algún sitio donde tomar una caña, tras intentarlo en dos que llevaban décadas cerrados. Extremadamente limpio, el enorme local sabía a bar de pueblo de toda la vida, con sus mesas de mármol (o al menos imitación), su enorme barra de madera, su altísimo techo, su infinito arsenal de licores... Me acomodé en la barra, en el punto más cercano a la puerta.

—Ponme una caña, por favor.
Elegí tutearle porque me parecía joven, no más de cuarenta, bajito; con un gesto amable tiró la caña y me la acercó desde el otro extremo. Pudo haberse dedicado a cualquier tarea en la inmensidad del bar, sin embargo eligió quedarse cerca, escrutando el exterior.
—Si te pones al sol te tumba... y si te pones a la sombra te congelas...
Su afabilidad me inspiró confianza y creo que por eso le pregunté sin rodeos:
—¿Qué hay de cierto en que aquí, en Antigüedad, pasan cosas misteriosas?
Metió las manos en los bolsillos y comenzó a balancearse sin apartar su mirada pícara de los ventanales.
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Bar Pajares |
—Bueno.... —al verme sonreír se relajó— ...no cabe duda de que algo hay —no tenía el acento duro de la gente de pueblo, más bien parecía de ciudad—, porque viene mucha gente, sobre todo a las ermitas. A la de Garón se acercan grupos enteros y se abrazan a los árboles, porque dicen que tienen una energía especial. Han venido hasta autobuses y todo. ¿Por qué me lo pregunta?
—Uy perdone, que no me he presentado. Soy Senén Villanueva Puente, novelista; escribo aventuras para chavales, pero también artículos sobre cosas inexplicables —rotulé mi nombre en un trocito de papel—. Por si me quieres buscar en internet.
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Ermita de Garón, entrada. |
Esto me hizo recordar que no tengo tarjetas como escritor, sólo como abogado.
—A los buenos días, Roberto y la compaña... —un hombre se incorporó a la charla, más mayor, más curtido; el campo y el trabajo duro se notaban en su rostro y en su acento— ...pon un blanco aquí si me haces el favor, hombre.
—Mira, Domi te puede contar muchas cosas raras —aseguró el cantinero—, es de aquí de toda la vida.
—¿Sabe usted de algún suceso extraño o inexplicable que haya ocurrido por Antigüedad? —decidí tratarle de usted; su aspecto más tosco parecía, al menos a primera vista, de pocas bromas.
—Para empezar, la fuente que está al lado de la ermita de Garón da un agua con propiedades rehabilitadoras para cualquier tipo de enfermedades —aseguró.
—Este amigo mío me dijo que su madre venía frecuentemente, no sólo a por agua de la fuente sino también a rezar a la Vírgen —confirmé—. De hecho, dice que sólo se encuentra bien tras visitar Antigüedad.
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Ermita de Garón. Altar anexo. |
—Que algo hay... que algo hay... esooo... ya te lo digo yo —Roberto salió al paso—. Mira Senén, aquí en la comarca, cuando alguien compra algo, por ejemplo un coche, lo primero que hace es subirlo a la ermita de Garón a bendecirlo. ¿Verdad o mentira, Domi?
—Verdad, verdad, es por la energía o lo que quiera que sea que hay por allí.
—Hay un escritor de esta zona que afirma que Antigüedad es un emplazamiento energético al nivel de Machu Pichu, o incluso Stone Henge.
La conversación estaba resultando harto interesante, así que decidí preguntarles por unos hechos que hasta a mí me resultaban ridículos.
—He leído que existen por aquí unas cuevas donde habita una colonia extraterrestre.
Pensé que había ido demasiado lejos y que a partir de ese momento ya no me tomarían en serio, me equivoqué.
—Bueno.... si, lo de los extraterrestres subterráneos —Roberto entró al capote—. Es otra de las historias que este escritor ha popularizado peroooo... si tú preguntas a cualquiera de por aquí te dirá que eso es todo fantasía.
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Ermita de Garòn. Cruz. |
—Pues será fantasía, pero hay una cueva al otro lado de la chopera que está enfrente de la ermita de Garón, que dicen que se interna entre los cerros y no se sabe dónde termina —nos sorprendió Domi—. Además, cuando yo era chaval un pariente mío vio las marcas de un ovni en las tierras —Roberto me miró como diciendo: este lo sabe todo—. Lo que pasa es que cuando fuimos a verlo ya no fuimos capaces de encontrar el lugar donde se había posado.
En ese momento entraron un grupo de personas y Roberto acudió a atenderlas amablemente, como no podía ser de otra forma. Me pareció que la complicidad de la conversación se había perdido, así que le pedí con un gesto que me cobrase las dos cañas que había consumido.
—Tienes más cosas que visitar, chaval —Domi se dio cuenta de que me iba—. Vete a ver el avión, la Cruz de la Muñeca y la bicicleta de Lance Armstrong.
—Gracias Domi, ya tenía pensado hacerlo.
—Y lo más bonito de todo, si sigues el camino después de la Cruz de la Muñeca, verás una sabina gigantesca. No te la pierdas, sólo te digo eso.
Entre Roberto, Domi, un chaval llamado Álvaro y otros clientes del bar, se desvivieron por hacerme mil y un croquis para encontrar todos los lugares de los que habíamos hablado. Eso es lo que tiene la gente sencilla de la meseta, una amabilidad infinita.
Como el listado de lugares a visitar se salía de lo normal para un pueblo tan pequeño, hay que tener en cuenta que Antigüedad tiene unos 400 habitantes, decidí empezar por lo más cercano, el avión. Efectivamente, en la parte alta del pueblo, el Ejército del Aire, en homenaje a dos hijos ilustres de la localidad, los pilotos pioneros de la aviación militar española nacidos en la villa, los hermanos César y Augusto Martín Campos, que lucharon en la Guerra civil uno en cada bando, ha instalado un F4, con dos cojones. Bueno, la foto lo dice todo.
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Fuente de la ermita de Garón |
No me extrañó esta costumbre, lo hago constantemente cuando voy a la montaña, siempre que veo algún ejemplar centenario. Me senté en una de las mesas a degustar el bocadillo, regado con el agua mágica de la fuente. He de decir que si en todo mi periplo por Antigüedad sentí algo extraño, fue en ese momento. De repente, todo se detuvo, el aire, los pájaros, los insectos... un silencio que hacía retumbar los oídos se instaló en el ambiente. Así durante varios minutos.
No me atreví a levantarme, ni siquiera a masticar. Sólo miraba a un lado y al otro buscando alguna referencia que me devolviese a la realidad. Miré mi teléfono, más que nada para ver a qué hora estaba sucediendo aquel extraño fenómeno, pero la pantalla estaba oscura y no se encendía a pesar de mis intentos. Entonces caí en la cuenta de que también el chorro de la fuente se había callado. Me levanté pensando que no podía ser cierto y encaminé mis pasos hacia ella. Desde lejos me daba la sensación de que el generoso hilo de agua se había paralizado.
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Ermita de Villella. Interior. |
A medida que me acercaba, sin pestañear, se confirmaba aquel extraño fenómeno. No podía ser, me acerqué más. Cuando estaba a la distancia exacta poder asegurar si el chorro discurría o no, entonces las hojas comenzaron a levantarse, empujadas por la brisa y dejé de escuchar los latidos de mi corazón retumbando contra mis tímpanos. Todos los sonidos volvieron a poblar el espacio con normalidad y el agua de la fuente a brotar con naturalidad.
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Ermita de Villella, entrada. |
Abandoné aquel maravilloso paraje rumbo a la otra ermita, la de Villella. Del siglo X, más modesta que la de Garón. Situada en un remoto paraje al que no se puede llegar por carretera, también estaba cerrada. Pude fotografiar el interior a través de una pequeña abertura en el portón de entrada. En su lateral izquierdo, existen unos interesantes restos de la iglesia prerrománica anterior y de antiguos enterramientos.
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Ermita de Villella, restos arqueológicos. |
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Ermita de Villella. |
—¡Buenas tardes! —le grité porque con el ruído de la motosierra ni siquiera se había percatado de mi llegada—. ¡Hola! —agité los brazos.
El joven apagó el motor y se quitó los protectores auditivos.
—Perdone, con tanto ruido no le oía —se acercó—. Dígame, dígame, ¿se ha perdido?
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Cruz de la Muñeca. |
—Hola, perdona que te moleste. Es que estoy buscando una sabina centenaria que me han dicho en el bar del pueblo que está por aquí. Pero no la encuentro.
El joven sonrió, abrió los brazos y levantó la cabeza. Claro, con el ansia de encontrar mi objetivo, no me percaté de que la tenía encima. Miré hacia arriba y me di cuenta de que lo nos protegía del sol era la inmensa sombra de un árbol gigante. De sus leñosas ramas colgaban espesas melenas de vegetación que llegaban hasta el suelo como auténticas rastas. A pesar de la profunda poda a la que estaba siendo sometida, la inmensidad de su verdor lo cubría todo. El joven disfrutaba de mi asombro.
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Cruz de la Muñeca. |
Entonces me dí cuenta de que, efectivamente, dispersos por aquí y por acullá, preciosas sabinas, no tan magníficas como aquella, embellecían aquel desolado paraje.
—¿Conoces el torreón? —cambió de tema.
—Nadie me ha hablado de ningún torreón —arqueé las cejas.
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Con Dani, bajo la sabina. |
Muchos cruces de caminos después, conseguí salir a una carretera general y entonces me encontré con el famoso monumento a Lance Armstrong. Una bicicleta encima de un poste metálico señala el lugar donde se cayó el famoso ciclista en una etapa de la Vuelta que pasó por Antigüedad.
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Sabina. |
Un abrazo muy fuerte a Roberto, del Bar Pajares, a Domi, a Álvaro y a Dani por ser tan amables con un extraño. Nunca les olvidaré.
Por cierto, todavía no sé hasta qué punto el agua de la fuente de Garón tiene propiedades mágicas, lo que si sé es que es deliciosa.
Muy amena la lectura y muy interesante lo que cuentas. Habrá que darse un paseo por allí....
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, Ana, la verdad es que no recibo muchos. Evidentemente no me leen muchos millones de personas jajajajajaja
Eliminarje je je
ResponderEliminarUn relato muy ameno. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarMuchas gracias por dar a conocer nuestra preciosa tierra.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarVaya lo que da de sí la montaña palentina! El relato deja en el aire la curiosidad.. esperaremos próximos capítulos.
ResponderEliminarGeacias por tu interés, estimada lectora. No estaria mal que me acompañases en la resolución de rste misterio
EliminarSeguimos esperando el resultado de tus pesquisas diurnas y nocturnas, que seguro que serán tan interesantes como lo que hasta ahora conocemos de Antigüedad, un pueblo del que, por cierto, nunca había oído hablar, por lo que me ha gustado más todavía..
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